Itinerario 16: Se cuenta cómo Cervantes y Quevedo se encontraron en Villanueva de los Infantes y en otros pueblos del famoso Campo de Montiel

El actor Pepe Sacristán ha hecho en teatro musical , "El hombre de La Mancha", un excelente DonQuijote. donde interprete una bella canción que podemos escucha pinchando aqui.

El actor Pepe Sacristán ha hecho en “El hombre de La Mancha”, un excelente DonQuijote. donde interpreta una bella canción que podemos escuchar pinchando aqui.

Otros 10 kilómetros nos faltan por recorrer, avanzando por la misma ca­rretera CR-644, para alcanzar en Pozo de la Serna la C-415 y poder llegar a Alcubillas antes de hacerlo a Villanueva de los Infantes.Alcubillas destaca por su conjunto urbano, con su iglesia parroquial de torre poligonal y amplio chapitel, anterior al siglo xvi. Sus alrededores son ricos en yacimientos arqueológicos; recientemente fue descubierta la es­cultura ibérica que representa un león, datada en el siglo iv a.C.

Iglesia de San Andrés en la bella población de Villanueva de los Infantes, uno de los lugares más cervantinos de esta ruta.

Iglesia de San Andrés en la bella población de Villanueva de los Infantes, uno de los lugares más cervantinos de esta ruta.

La ciudad monumental de Villanueva de los Infantes, en la provincia de Ciudad Real, es conocida también con todo rigor como «la Santillana de La Mancha» precisamente a consecuencia de su monumentalidad. Si­tuada en pleno Campo de Montiel, la antigua Jámila formada por comu­nidades judías, pasó después a llamarse La Moraleja, hasta volver a cam­biar de nombre en 1421, apellidándose «de los Infantes» en recuerdo y agradecimiento al infante don Enrique de Aragón, quien le concedió la Carta Puebla, y a sus hermanos don Alfonso, don Juan y don Pedro. Fue declarada villa en 1501; en 1573 llegó a ser capital de los Campos de Montiel y en 1895 recibió el título de ciudad.

Forfes y el Quijote, binomio inseparable.

Forfes y el Quijote, binomio inseparable.

La monumental y bella arquitectura de Villanueva se resume en su plaza Mayor. En ella se conjugan la claridad y la elegancia de formas. Está reali­zada en el más puro estilo neoclásico. Muestra unos maravillosos arcos construidos en piedra, así como un balconaje corrido de madera en su par­te norte. Se puede fechar hacia 1620. Es amplia, con una sobriedad que no la hace incurrir en monotonía, y de planta rectangular. Los lados más cor­tos corresponden al norte y al sur, precisamente sus partes más antiguas.

La terminación de la iglesia de San Andrés está fechada en 1668. Sus planos son atribuidos a Juan de Herrera y merece una mención especial su torre. Tiene dos pórticos platerescos, siendo uno de ellos del más puro estilo renacentista italiano, al igual que su pulpito, bellísimo y de alabas­tro. En la capilla de los Bustos fue enterrado don Francisco de Quevedo y Villegas. En la cripta le fue erigido el primer altar a santo Tomás de Villa-nueva aun antes de haber sido canonizado este vecino de Villanueva. Pro­cedente de esta parroquia se conserva en el Museo del Prado una bella ta­bla con las imágenes de santa Ana, santa Isabel, la Virgen y los Santos Niños que quizá fuera originaria del retablo de Yáñez de la Almedina y que repetidamente reclaman para sí los habitantes de Villanueva. Adosa­da al ábside de la iglesia y con vistas a la plaza se halla la casa rectoral que sigue el estilo italiano.

El edificio del Ayuntamiento ennoblece la Plaza Mayor de Villanueva de los Infantes.

El edificio del Ayuntamiento ennoblece la Plaza Mayor de Villanueva de los Infantes.

En la parte del poniente se encuentra el edificio del ayuntamiento, construido en piedra en el siglo xvi, aunque fue reedificado después con ocasión de su destrucción en la guerra de la Independencia. Tiene tres pi­sos, con soportales de arcos de medio punto y con grandes balcones. En su interior resalta el artesonado del Salón de Sesiones. El pórtico del este de la plaza cuenta con menor número de arcos, sólo catorce y en el extre­mo de la derecha aparecen algunos más, pero de ladrillo. Todos los balco­nes del segundo cuerpo son adintelados, con frontón triangular. El inte­rior de los pórticos tiene techos de rasilla.

"Don Quijote leyendo libros" cuafro del pintor Adolph Schröther

“Don Quijote leyendo libros” cuadro del pintor Adolph Schröther

Desde la plaza Mayor de Villanueva son muchos los caminos que con­ducen al visitante al descubrimiento y admiración de tantas bellezas ar­quitectónicas como identifican esta población castellano-manchega.

Vista de los soportales de la Plaza Mayor de "Infantes".

Vista de los soportales de la Plaza Mayor de “Infantes”.

El hospital de Santiago, con su capilla del Remedio, es de estilo barroco. En la misma calle hay diversos edificios con pórticos y escudos. La Alhóndiga, de estilo renacentista, fue casa de contratación y cárcel. El pórtico de la casa-palacio de los Ballesteros tiene entablamiento dórico, sobre columnas toscanas. La casa del Arco destaca por su majestuoso arco de honda cimbra. Su patio interior es de columnas dóricas.

El Colegio Menor, también conocido como Casa de los Estudios, es del último tercio del siglo xvi. En él se enseñó la gramática, habiendo conta­do con una nómina de profesores que incluyó al mismísimo don Francis­co de Quevedo y Villegas.

En la calle de Santo Tomás destacan edificios tales como las ruinas del Hospitalico, la casa de Santo Tomás de Villanueva y el Oratorio, y el Pórti­co de la casa de la Inquisición. En la calle de la Fuente destacan el pórtico de la casa del convento de Dominicas de la Encarnación.

Son inumerables los signos arquitectónicos de antigua nobleza con que nos encontramos en la Ruta del Quijote

Son inumerables los signos arquitectónicos de antigua nobleza con que nos encontramos en la Ruta del Quijote

En la plaza de Santo Domingo se ha erigido un monumento a Francis­co de Quevedo. En su convento, por cierto, murió el clásico de la literatu­ra española el 8 de septiembre de 1645, después de haber sido trasladado a él desde la cercana población de Torre de Juan Abad, de la que era señor. Aún se conserva la celda en la que murió.

 

Precisamente en la capilla de los Bustos, de la iglesia de San Andrés fue enterrado don Francisco de Quevedo y Villegas.

Precisamente en la capilla de los Bustos, de la iglesia de San Andrés fue enterrado don Francisco de Quevedo y Villegas.

La ruta turística por Villanueva de los Infantes lleva a admirar también la iglesia de las Dominicas de la Encarnación, que cuenta con una de las portadas de mayor interés (portada-retablo), que desarrollará aún más el estilo barroco.

La iglesia del convento de las monjas franciscanas fue construida en 1521 y el convento obtuvo la licencia del Gran Maestre de la Orden de Santiago, don Alonso de Cárdenas. Esta iglesia presenta planta de cruz la­tina.

La plaza de la Trinidad es también un bello rincón urbano, en la que se encuentra la iglesia de los Trinitarios, que fue fundada por san Juan Bautista de la Concepción, bajo la advocación de Nuestra Señora de Gracia. En ella se conservan los restos de san Víctor Mártir. La ermita del Cristo de Jámila se halla en el paseo de los Mártires. Una calle que invita al visitante a pasear entre soberbios muros plenosde historia es la de Cervantes, en la que se encuentra el palacio de los Bus­tos, de la segunda mitad del siglo xvi, frente al que, en su fachada trasera, se puede admirar el balcón de la casa del duque de San Fernando.

Pintura de amiente quijotesco colgada en las paredes del Senado español.

Pintura de ambiente quijotesco colgada en las paredes del Senado español.

Tam­bién hay que admirar el palacio de los Melgarejos, el Cuartel General de la Orden de Santiago, la casa del Caballero del Verde Gabán (personaje de la universal novela de Cervantes), la casa de los Bustos, la de don Manuel de la Barreda, la de don Manolito, Casa Fontes, etc.

La visita puede completarse en el santuario de Nuestra Señora de la An­tigua, en el que destaca la imagen gótica de su titular, en madera policro­mada, del siglo xm, que procedía de la antigua población de Jámila. Con esto se completa la oferta turística con que cuenta esta población man-chega.

Recuerdo para determinados productos de calidad procedentes precisamente de Castilla-La Mancha

Recuerdo para determinados productos de calidad procedentes precisamente de Castilla-La Mancha

La gastronomía proporciona en Villanueva de los Infantes -o «Infan­tes» para los de la comarca- el complemento feliz a una visita, con platos tales como huevos a la porreta, galianos, chuletas a la gavilla, migas, pisto y «tiznao».

Don Miguel de Cervantes se nos hace presente con el limpio y sugesti­vo caudal de sentimientos y pensamientos quijotescos refiriéndose a Vi­llanueva:

Yo, señor Caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de un lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido. Soy más que medianamente rico y mi nombre es don Diego de Miranda, paso la vida con mi mujer y con mis hijos y con mis amigos. Mis ejercicios son el de la caza y pesca pero no mantengo ni halcón ni galgos, sino algún perdigón manso y algún hurón atre­vido. Tengo hasta seis docenas de libros, cuales de romance y cuales de latín,
de historia algunos y de devoción otos: los de caballería aún no han entrado por los umbrales de mis puertas.

LIBRO 3

Como Villanueva de los Infantes cuenta con suficiente infraestructura turística, decidimos hacer de esta población el punto de partida para algu­nas excursiones por los alrededores. La primera de ellas nos lleva a Alhambra, distante 24 kilómetros, que recorremos por la CR-642. De este pueblo se ha dicho también que podía ser la Laminium romana, a la que repetidamente se refiere Plinio. Son varios y de interés los restos romanos encontrados en su término municipal, así como los sarcófagos excavados en la roca.

El nombre actual es árabe, y hace referencia al color rojo de sus tierras. El pueblo, que perteneció a la Orden de Santiago, tiene una estructura medieval. Fue conquistado por Alfonso VIII en 1212. La iglesia de San Bartolomé, de principios del siglo xin, parece haber sido levantada sobre un templo romano. Junto a su portada conserva una estatua, togada y de­capitada. La portada principal es renacentista.

De vuelta por la misma carretera -la CR-642- llegamos a Carrizosa, vi­lla del Campo de Montiel, en cuyo castillo de Peñaflor se han descubierto yacimientos arqueológicos de la Edad del Hierro, medievales, cristianos e islámicos.

A tres kilómetros de Carrizosa, junto al río Cañamares, se halla el san­tuario de Nuestra Señora de Carrasca, cuya romería concita interés y re­ligioso respeto en los numerosos devotos de la comarca.

Plaza de toros del Santuario de Nuestra Señora de la Carrasca.

Plaza de toros del Santuario de Nuestra Señora de la Carrasca.

Se trata de uno de los más curiosos conjuntos de ermita-plaza de toros de la provincia de Ciudad Real. La construcción de la ermita se remonta al siglo xvn. A sus pies se encuentran los toriles y la plaza, de planta cua­drada rodeada de dos alturas, una porticada con arcos de medio punto y la superior de barandillas de hierro y columnas de fundición, que antes fueron de madera. Para evitar cualquier clase de equívocos, en los palcos principales se señala con toda claridad el que corresponde a la autoridad civil y el que corresponde a la autoridad eclesiástica. De este santuario se habla ya desde 1444.

El santuario de Nuestra Señora de Carrasca pertenece a la jurisdic­ción eclesiástica de Villahermosa, pueblo al que llegamos después de recorrer una veintena de kilómetros, y que se encuentra en la C-415. En su plaza se levanta la iglesia parroquial de la Asunción, del siglo XVI, en la que destaca sobre todo, por su elegancia, la portada gótica de archivoltas apuntadas y arco flamígero decorado, siendo plateresca la zo­na baja. La Casa Márquez merece la consideración del visitante. Es del siglo xvii, con balaustrada de madera y alero con canecillos tallados. En la iglesia resalta especialmente el colosal y artístico Monumento de Se­mana Santa, del siglo XVII, que sólo se usa durante los Oficios de la Se­mana Mayor.

Por los caminos de Castilla-La Mancha es fácil encontrarse con estampas quijotescas como ésta.

Por los caminos de Castilla-La Mancha es fácil encontrarse con estampas quijotescas como ésta.

Desde Villahermosa, a ocho kilómetros por la C-415, se llega a Fuenllana, en pleno Campo de Montiel, sobre todo para ver y admirar el excep­cional edificio con que cuenta, que es el convento de la Orden de San Agustín, construido sobre la casa en la que nació santo Tomás de Villa-nueva que, pese a haber tomado este sobrenombre de Villanueva (de los Infantes), había nacido aquí. Con la desamortización, la mayoría de sus dependencias pasaron al municipio. Se conservan, como otras tantas reli­quias, la habitación en la que nació el santo, así como la pila en la que fue bautizado y que perteneciera antes a la iglesia de Santa Catalina, del siglo XIII.

Desde Villanueva, por la CR-631, recorridos 15 kilómetros, llegamos al pueblo de Montiel, cabeza del cervantino Campo de Montiel. Esta villa fue ganada una y otra vez a los árabes, en primer lugar por Alfonso VIII y después por Fernando III, quien la cedió a la Orden de Santiago en cali­dad de capital de las poblaciones y castillos de toda la comarca.

En el castillo de la Estrella, del siglo XIII  se vivió uno de los capítulos más importantes de la historia de España, dado que fue en esta fortaleza donde el rey Pedro I de Castilla, conocido como Don Pedro el Cruel, mu­rió a manos de su hermanastro don Enrique de Trastamara en el año 1369. Del castillo sólo quedan en la actualidad restos, al igual que del de San Pablo o San Polo.

Iglesia de San Sebastián, en el pueblo de Montiel, cabeza del llamado Campo de Montiel, una de las comarcas más cervantinas de La Mancha.

Iglesia de San Sebastián, en el pueblo de Montiel, cabeza del llamado Campo de Montiel, una de las comarcas más cervantinas de La Mancha.

De entre sus edificios religiosos hay que citar el santuario del Cristo de la Expiración, del siglo XV, y la iglesia de San Sebastián, edificada en 1440 por el infante de Aragón don Enrique. Entre los edificios civiles merecen consideración la casa del Pretel y la casa de la Condesa. El molino de Rajamantes y los restos de un puente se encuentran en los límites de la pro­vincia de Ciudad Real con la de Jaén. Merece la pena mencionar que de Montiel procede un anillo de oro, tal vez originario de la Magna Grecia, que está datado nada menos que en el siglo v a.C. y representa un lobo con las fauces abiertas y dos delfines. Tiene también considerable interés artístico e histórico una talla gótica de esta población.

El santuario de Nuestra Señora de Carrasca pertenece a la jurisdic­ción eclesiástica de Villahermosa, pueblo al que llegamos después de recorrer una veintena de kilómetros, y que se encuentra en la C-415. En su plaza se levanta la iglesia parroquial de la Asunción, del siglo XVI, en la que destaca sobre todo, por su elegancia, la portada gótica de archivoltas apuntadas y arco flamígero decorado, siendo plateresca la zo­na baja. La Casa Márquez merece la consideración del visitante. Es del siglo xvii, con balaustrada de madera y alero con canecillos tallados. En la iglesia resalta especialmente el colosal y artístico Monumento de Se­mana Santa, del siglo XVII, que sólo se usa durante los Oficios de la Se­mana Mayor.

El cine ha tratado muy generosamente a la obra de Cervantes con la producción de muchas y buenas películas. La escena de la lucha de don Quijote contra los molinos es fundamental en ellas, y aqui se puede ver ahora.

Desde Villahermosa, a ocho kilómetros por la C-415, se llega a Fuenllana, en pleno Campo de Montiel, sobre todo para ver y admirar el excep­cional edificio con que cuenta, que es el convento de la Orden de San Agustín, construido sobre la casa en la que nació santo Tomás de Villa-nueva que, pese a haber tomado este sobrenombre de Villanueva (de los Infantes), había nacido aquí. Con la desamortización, la mayoría de sus dependencias pasaron al municipio. Se conservan, como otras tantas reli­quias, la habitación en la que nació el santo, así como la pila en la que fue bautizado y que perteneciera antes a la iglesia de Santa Catalina, del siglo XIII.

Desde Villanueva, por la CR-631, recorridos 15 kilómetros, llegamos al pueblo de Montiel, cabeza del cervantino Campo de Montiel. Esta villa fue ganada una y otra vez a los árabes, en primer lugar por Alfonso VIII y después por Fernando III, quien la cedió a la Orden de Santiago en cali­dad de capital de las poblaciones y castillos de toda la comarca.

COMIC DON QUIJOTE Y SANCHO

El cine infantil también ha prestado atención a la figura de Don Quijote, y hasta en más de una ocasión las canciones dedicadas al héroe de Cervantes han subido a las listas de éxitos. Incluso la Tuna de Derecho de Albacete ha cantado las hazañas del caballero, como se puede escuchar aqui.

En el castillo de la Estrella, del siglo XIII  se vivió uno de los capítulos más importantes de la historia de España, dado que fue en esta fortaleza donde el rey Pedro I de Castilla, conocido como Don Pedro el Cruel, mu­rió a manos de su hermanastro don Enrique de Trastamara en el año 1369. Del castillo sólo quedan en la actualidad restos, al igual que del de San Pablo o San Polo.

De entre sus edificios religiosos hay que citar el santuario del Cristo de la Expiración, del siglo XV, y la iglesia de San Sebastián, edificada en 1440 por el infante de Aragón don Enrique. Entre los edificios civiles merecen consideración la casa del Pretel y la casa de la Condesa. El molino de Rajamantes y los restos de un puente se encuentran en los límites de la pro­vincia de Ciudad Real con la de Jaén. Merece la pena mencionar que de Montiel procede un anillo de oro, tal vez originario de la Magna Grecia, que está datado nada menos que en el siglo v a.C. y representa un lobo con las fauces abiertas y dos delfines. Tiene también considerable interés artístico e histórico una talla gótica de esta población.

Plaza Mayor del pueblo e Almedina, que diera apellido a uno de los mejores pintores españoles del Siglo de Oro.

Plaza Mayor del pueblo e Almedina, que diera apellido a uno de los mejores pintores españoles del Siglo de Oro.

Almedina se halla a unos quince kilómetros de Montiel. En su término municipal -concretamente en el cerro de Golliznos-, se han encontrado restos romanos, dado que por estos lugares pasaba una importante calza­da. La iglesia parroquial de Santa María Magdalena es del siglo XIV y se construyó sobre las ruinas de una antigua ermita. La iglesia de los Reme­dios por su parte es del siglo XVII.

El pueblo cobra singular importancia por haber dado nombre y ser lu­gar de nacimiento del pintor Yáñez de la Almedina, del que se dice que fue discípulo de Leonardo y cuyas obras son muy valiosas. Los baños de Brochales y sus aguas agrias reportan beneficios termales.

 

Iglesia de Torre de Juan Abad, de cuyo señorío fue poseedor don Francisco de Quevedo y Villegas.

Iglesia de Torre de Juan Abad, de cuyo señorío fue poseedor don Francisco de Quevedo y Villegas.

A 10 kilómetros por la CR- 623, llegamos a Torre de Juan Abad, donde los recuerdos literarios cervantinos se tornan también quevedescos, al ha­ber sido señorío de don Francisco de Quevedo y Villegas entre los años 1620 y 1645. En este pueblo enfermó gravemente yendo a morir a Villa-nueva de los Infantes, el ocho de septiembre de 1645. La iglesia parro­quial, renacentista, es del siglo xvi. Sus retablos y su órgano, del año 1719  otorgan riqueza a su interior. Luce un retablo manierista con tres calles, tres cuerpos centrales y dos laterales, con frescos. Del siglo XVIII es la plaza del Ayuntamiento. Entre sus numerosos cortijos y quinterías hay que re­cordar los nombres de Fontes, de la Torre, de Borreguilla o Fuente Conejo.

Embalse de Cabezuelas, en el término municipal del pueblo de Cózar, sobre el río Jabalón.

Embalse de Cabezuelas, en el término municipal del pueblo de Cózar, sobre el río Jabalón.

Como nuestro más inmediato punto de destino es Valdepeñas, por la CR-622 recorremos los nueve kilómetros que dista Cózar para admirar su iglesia parroquial de San Vicente Mártir, declarada «Monumento»; fue construida en el siglo XVI y es una de las más bellas de la zona, con ele­gantes y artísticas portadas de acceso, de formas manieristas. La ermita del Santísimo Cristo, algunas casas solariegas y los yacimientos de la Edad del Hierro, constituyen otros tantos argumentos para atraer al visitante. Los embalses de la Cabezuela y de la Jarilla, sobre el Jabalón, alegran y fe­cundan estas tierras.

Siguiendo la carretera CR-624, a los 29 kilómetros nos encontramos ya en Valdepeñas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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